Hace una semana, en la previa del mismo partido pero en el Santiago Bernabéu, las emociones y espectativas eran considerablemente menores a las del día hoy en la misma situación. La razón probablemente es que muchos se hayan cansado de tanto clásico (algo increíble) debido a la “Clasiquitis” que sufrimos en el 2011, culminando con el séptimo superclásico en el mismo año, el 10 de Diciembre y aquel 1-3 en la Casa Blanca, donde se suponía que el Madrid llegaba más fuerte que nunca y favorito a llevarse el juego. La semana pasada, llegaba con el mismo estandarte y se fue con el rabo entre las piernas en una calcomanía a 6 de los 7 encuentros jugados el año pasado.
Aquella imagen después de los 90 minutos en el Bernabéu -para muchos- se nos hizo normal. Dominio absoluto del cuadro merengue los primeros 15 minutos, todos jugando con el ansia que le caracteriza a un niño de 6 años con un juguete nuevo. 15 minutos suficientes para hacer creer a los devotos de antaño y a los que se colocan la camiseta sólo el día de un superclásico y alardean que la llevan pegada a la piel por décadas, que ÉSTE era el partido indicado. Los siguientes 30 minutos donde Barcelona equipara fuerzas y comienza a desplegar su juego de toque, frenando en seco al Madrid y comenzando a crear desesperación en la cancha y en las gradas. Los 45 minutos finales son un dominio abrumador del cuadro blaugrana, casi como de PlayStation. Messi dando cátedra. Xavi, Iniesta y Busquets con un porcentaje de efectividad en pases arriba del 80%. Pepe masacrando. Ronaldo, Ramos y Alonso desesperados. Özil y Benzema desaparecidos. Valdés aburrido, o en su caso Pinto colócandole un poco de emoción al juego con su carencia de talento. Casillas con una cara de tristeza y desentendimiento. Pep tranquilo. Mourinho descolocado.
El escenario más difícil que haya tenido el Madrid, ocurrió hoy en la previa. Dos goles por anotar y en la casa del mejor equipo del mundo. Pep mandó a la cancha al mismo 11 que utilizó la semana pasada, un once tan conocido y de memoria que hasta resulta familiar con nuestras partidas en el FIFA, al entrar como robot directo a la sección “alineaciones” y hacer las modificaciones sin mover pestañas. Pinto (Ay Pinto!) en la portería, Puyol y Piqué en la central, Alves por la derecha, Abidal por la izquierda, Xavi, Iniesta y Busquets como motores en el mediocampo y un tridente ofensivo conformado por Alexis Sánchez y Messi en las bandas con Cesc por el centro. José mandó un cuadro más agresivo que los anteriores a pesar de no volver a incluir a Marcelo. Özil, Kaká y CR7 formaban el tridente de creación detrás de un solitario Higuaín, con una línea de 4 conformada por Pepe y Ramos en la central, Coentrao por la derecha y Arbeloa por la izquierda. La contensión es la que mejor le ha funcionado en los últimos tiempos: Alonso y Lass.
El juego comenzó con el mismo tinte que los anteriores. Un dominio notorio del Madrid y 3 oportunidades claras de gol desperdiciadas. La diferencia es que pasaron los primeros 15 minutos y el dominio de los merengues se mantuvo, llegando un momento en el que el balón lo circulaban los blancos y no los azulgranas, además de una jugada perfecta terminada en un remate hermoso de Mezut que no entró de milagro pero todos estabamos con nuestros pañuelos blancos a punto de hacerlos girar con tamaño golazo. La clave de ésto, aparte de la mentalidad del cuadro blanco reforzada gracias a la lesión de Iniesta y su abandono del terreno, fue el excelente marcaje y cerrojo que Lass le hizo a Sergio Busquets. Cuando el Madrid jugaba mejor, vino el cubetazo de agua fría. Un escape de Messi, unos metros libres y un descuido de Arbeloa en la marca, culminó en un pase recibido por Pedro totalmente solo y empujándola contra la red con un Casillas que ni siquiera hizo el intento de lanzarse por el balón. La cara de Cristiano mostraba rabia y frustración… y vaya que la era. Minutillos antes de que se acabase la primera mitad vino la segunda estocada. Un riflazo de ensueño, después de un rebote en un tiro libre, por parte de Dani Alves que se fue directo como bala al ángulo superior derecho de Pinto. Nada que hacer. 2 a 0. La historia se repetía y al Madridismo le dolía como nunca esta derrota, verdaderamente y por primera vez inmerecida para el club culé. La mayoría de los crédulos en el fútbol predecible, dimos por hecho que aquel gol del brasileño era punto y final para la eliminatoria. Y lo fue, sólo que no en la manera que todos pensabamos.
El Barcelona comenzaba a hacerse del balón hasta que una ráfaga se le vino encima. Primero, los cambios: Callejón por Kaká, Granero por Lass y Benzema por Higuaín. Segundo, un gol anulado injustamente a Sergio Ramos por una supuesta falta a Alves en el área chica. Luego un pase milimétrico del mejor jugador del partido, Özil, para Ronaldo que con un gran quiebre dejó atrapando gallinas a Pinto y marcó el descuento. Cuando nadie lo pensaba, un error de Piqué en el despeje, seguido de un cabesazo de Callejón y un despliegue de excelente técnica y frialdad al definir por parte de Benzema, le daban el empate parcial al Madrid, dejándolo sólamente a 1 gol de la hazaña. De ahí en adelante al Madrid se le infló el pecho y mostró un fútbol desplegado ante el Barcelona que no habíamos gozado con anterioridad. Lo mismo hizo el cuadro blaugrana en sentido opuesto. El Barca comenzó a perder la cabeza y cometer errores estúpidos gracias a aquel sentimiento que muchos pensabamos que los jugadores de este club no poseían: la desesperación. La postal más descriptiva de ésto fue un balón que Xavi tuvo que despejar cual vil sandía debido a la desesperación que se apoderó de él. ¿Cuándo habíamos visto éso? Al menos yo nunca.
A pesar de éso, se peleó hasta el final y el Barcelona supo aguantar el marcador con un poco de suerte. Cabe mencionar también el horrible trabajo que hizo el colegiado Teixeira, perdonando a Lass en el primer tiempo, anulándole un gol y expulsando injustamente a Sergio Ramos, terminando el partido en una clara acción para el Madrid, además del criterio que utilizó para sacar tarjetas. La presión y el flujo de emociones en este partidazo, terminaron por devorarse al pobre árbitro, quien en vestidores se llevó un “Vete de fiesta con ellos a celebrarlo, tanta polla, tanta mierda!” por parte de Casillas.
El Madrid se fue de la copa pero con la cabeza en alto. Mourinho demostró que puede hacer jugar al equipo en torno a un “Nosotros” y no a un “Yo” como lo venía haciendo. Pep se dió cuenta que su distancia con el Madrid no es abismal como muchos pensaban antes de este partido y que probablemente va a sentir las bajas de Alexis e Iniesta en las próximas semanas debido a los importantes cotejos que se vienen. El aficionado blaugrana debe de irse contento ya que en los 180 minutos, su equipo fue superior (no en los 90 de hoy). El aficionado madridista debe irse tranquilo más no contento. Se demostró que se le puede competir y hasta ganar al mejor equipo del mundo, más no se le ganó. A diferencia de las patadas de Pepé, los clavados de Alves, las quejas de Mourinho, los llantos de Ronaldo, la desesperación de Alonso y las burlas de Messi, lo que reinó hoy fue el buen fútbol, ese que nos pone la piel de gallina.



El gol estuvo bien anulado se ve claramente como le jala el brazo Ramos a Alves y no lo deja saltar
Hay tantas tomas diferentes que nos confunden. La reacción exagerada de Alves es la que nos inclina a pensar así. Saludos Roberto